CUENTO ganador del concurso NAVELINA DE CUENTOS INFANTILES convocado por DirectNaranjas.com
EL DULCE AROMA
El dulce aroma de los deliciosos postres de la abuela, siempre con el sabor inconfundible de las naranjas, hacía que las tardes de invierno en el confortable salón de la casa de los abuelos, fuesen de lo mís entretenidas. La abuela, que se pasaba horas y horas en la cocina, mientras que sus nietos la ayudaban ha preparar sus deliciosos postres. El abuelo les contaba muchas historias, de hadas, de miedo, de finales felices… y a veces no tan felices. -La historia que os contaré no es ningún cuento, si no una historia real…. -Venga abuelito cuéntanosla. -Bien, empieza así…. Evan y Cristín venían del instituto cuando la terrible noticia les llegó: -Chicos debo informaros de una terrible noticia. Vuestros padres venían de camino hacia aquí cuando se desviaron y el coche se estrelló. Nadie sabe muy bien lo que pasó, parece ser que algo insólito sucedió en la autovía central. Un hombre delante de ellos le informó de la noticia y les abrazó. Era su tío Bob. – Tío Bob que desgracia – Dijo Cristín. – Si es verdad Cris. ¿Qué haremos ahora? – añadió Evan. – Lo siento niños yo no puedo cuidaros, tengo que irme a París. Pero sé que alguien lo harí. – ¿Y quién cuidarí de nosotros? – Preguntó Cristín entre lígrimas. – Os cuidarín vuestras tías Mery Hills, Clary Hills y Lery Hills. – Ni siquiera las conocemos – Exclamó Evan. – Seguro que os gustaran.- Afirmó el tío Bob. Después del funeral de sus padres, las hermanas Hills fueron camino hacia la mansión Hills de sus tías. La primera impresión no fue muy buena pues se encontraron con el mayordomo Kall. – Señorito llevé el equipaje de la dama, yo llevaré lo demís. – dice Kall. – ¡¡¡ Ohh Kall!!! ¡Gracias por ayudar a nuestros sobrinitiisimos, claro! Era Clary, una mujer delgada y un poco rara. Empezó a besar al mayordomo como si los niños fueran un cero a la izquierda. – Bueno, me retiro – Se despidió el mayordomo colorado. – Os enseñaré vuestro cuarto – Dijo Mery – Acompañarme. La habitación de los niños no era exactamente muy acogedora. Pero lo preferían a dormir bajo un puente. – Acomodaos aquí hay una cama para cada uno. ¡Ah¡ por cierto cuidado con las clavos de la pared. Y si el gato os molesta por la noche, no le enfadéis podría enfurecerse. Dicho esto se marchó y les dejó solos en aquella oscura y húmeda habitación. – ¿Qué cama eliges Evan? – La derecha en diagonal al armario. – Bien vamos a guardar tus cosas en el armario.- le mandó Cristín. Mientras dormían los clavos de la pared caían de uno en uno peligrando la vida de los niños. -Evan- susurro Cris- Evan… despierta. – ¿Qué pasa?- Preguntó él. – Cuidado con los clavos caen muchos. Los niños acabaron durmiendo en el suelo porque sus camas estaban abarrotadas de pinchos. Pero a las dos horas, Evan dio una patada al gato y éste respondió. – ¡Miiiaaaaauuu¡ De repente se oyó una voz. – Insensato ¿No te acuerdas lo que te dijo Mery? Exclamó la voz desde las paredes. – ¿Quien Habla? – Preguntó Evan – Sal de tu escondrijo. – Estoy a tu lado a la derecha. Evan miró a la derecha y observó al gato. De repente Lery Hills entró por la puerta. – ¿Qué pasa Evan? – Preguntó ésta. – ¡El gato habla! – exclamó él. Kall entró en la habitación. – He oído voces – dijo Kall – ¿Os encontríis bien? – Dicen que el gato habla, querido Kall.- dijo Lery Hills. -¿Qué tontería semejante?- miles de gotas de sudor le caían por la frente de Kall. Mery Hills se fue por donde había venido, Kall la siguió. – Evan tenemos que seguir al mayordomo, es muy raro.- Dijo Cristín. – Vale Cris, vamos. Los niños bajaron a escondidas hasta la cocina donde se metió. Miraron por el ojo de la cerradura y Evan se tiró encima de Cristín, ella no pudo mantener el equilibrio y se cayó. Entraron de golpe en la cocina y el mayordomo les descubrió. Este no se sorprendió de verles y siguió lavando los platos. -Es verdaderamente raro.-Le dio la razón Evan. -¿Nos habrí visto?-Pregunto Cristín. -Hola-Saludó Kall, que había escuchado toda la conversación.- ¿queríais algo? Los hermanos se miraron mutuamente y antes de que dijeran nada, el mayordomo les dijo: -¡Escondeos rípido! En ese momento Clary estaba apunto de entrar en la cocina y cuando entró se encontró solo en la habitación. -¡Kall bomboncito, gazpachito…! ¿Por qué no nos pones a mí y a mis hermanas una tila? -En seguida voy.-Contesto. Al rato se marcho. -¿Se ha ido ya?-Pregunto Evan.-Porque no me gustaría que nos descubriera. -Si, se ha ido.-Contesto Kall.-Venid conmigo. Kall los condujo por un pasadizo secreto que los llevó a una sala llena de fotos del mismo hombre. -Os contare un secreto: Mery Hills se casó con un hombre maravilloso, pero sus dos hermanas la tenían envidia tanta que se volvieron locas, y por eso se compraron un gatito negro de la mala suerte. El gato las enloqueció aun mas y las hipnotizaba para que mataran a Mery y en un intento fallido mataron a su marido. Con el paso del tiempo Mery Hills se dejo someter por el gato de la mala suerte. -Por eso debemos salir de esta casa y dejar aquí alas tres hermanas. Iremos a otro lugar. -¿Cómo podemos confiar en ti?-Pregunto Cristín. -Esto es una casa de locos solo quiero salvaros el pellejo tenéis que confiar en mi. -No tenemos otra opción démosle una oportunidad.-Suplicó Evan. -Solo una pregunta mís: ¿si dices que es una casa de locos por que llevas tanto tiempo en ella y no te has ido ya? -Dijo Cris. -Porque nunca había tenido que salvar ha nadie Salieron de la cocina y justo fue al llegar a las escaleras cuando se encontraron al gato de sus tías en ellas. -¡Kall, el gato intenta penetrar en nuestras mentes!-Exclamo Evan. En un intento de desesperación Kall tiro al gato por las escaleras. Los niños huyeron con Kall de la casa y las hermanas fueron encerradas en manicomio. Mís tarde llegaron ha su nuevo hogar, con su tía Julie.
Autora: Carmen Ligero Camacho .
Tags: Concurso Cuentos












1 comentario
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Mayo 16th, 2009 a las 23:21
Que cuento mís feo.