CUENTO ganador del concurso NAVELINA DE CUENTOS INFANTILES convocado por DirectNaranjas.com
BOLAS DE NARANJAS
-¿Queréis que os cuente una historia?………. ¡Vale……, Vale……!, ¡Ganan los SÍES! -Un momento, voy a buscar los papeles que el otro día me llegaron… -No sé quién me los envía, sólo me dicen que los mande a vuestra ciudad ya que sucedió muy cerca de donde vivís. Héctor, Guille y Jose eran tres amigos, muy amigos, amiguísimos, como ellos decían. Vivían en el pueblo mís blanco de toda la región, era tan blanco, que cuando nevaba, ¡no había pueblo!, Héctor decía que se “camuflaba”, y en primavera, si te subías al mirador de la sierra, parecía una gran tarta de menta, con la nata por encima. A José lo que mís le gustaba, era el olor del verano, Guille le decía que el verano no olía. -¡Sí que huele!, ¿no lo notas? -Haber Jose, ese olor, no es del verano, viene…, de los írboles frutales del Sr. Juan. -Pues en el invierno no huele así, seguía insistiendo Jose. -¡Claro!, porque los írboles no tienen flores…, huele…pues a eso… a invierno. -¡Lo ves!, tú también… -¡Parad!, creo, que los dos tenéis razón, cada estación del año huele distinta… ¡Y ya estí!, dijo Héctor un poquito serio, porque si seguían así no podrían jugar a las canicas. Cuando estaban en lo mejor del juego, vieron al Sr. Esme que se acercaba a la puerta del Ayuntamiento, y pegaba un papel en el corcho de los anuncios. -¡Vamos a ver que ha puesto!, dijeron los niños. La gente ya se arremolinaba alrededor del corcho. -¡Claro!, decía la Sra. Herminia, ¡si hoy es 30 de Agosto!, el Sr. Esme ya nos convoca a participar en sus concursos. El Sr. Esme, era un agricultor muy respetado, no sólo en el pueblo, si no también en otros Pueblos de alrededor, era serio, pero muy amable con todos, y desde hacía muchos años, preparaba pequeños concursos para realizar en el invierno. El año anterior se trataba de buscar la piedra mís bonita o rara que hubiese en el campo. Se puntuaba el color, forma y rugosidades. Ganó Lucía, con una piedra “volcínica”, Guillermo decía que era igual a la que su mamí tenía para “rascarse” los talones. Los tres amiguísimos, se acercaron a ver de qué iba este año el concurso. -¡Vaya!, es para los mayores, dijo Héctor muy decepcionado. -¿Qué pone?, preguntaba Guille atrapado entre dos sras., que no le dejaban ver. -Ganarí la persona que sea mís rípida, pelando naranjas. -¿Queeee?…, se asombró Guille, y… después, ¿que harín con tantas naranjas peladas? -También habrí premio, para quién haga con ellas la mejor mermelada. -Mi mamí…, mi mamí… ¡seguro que gana!, siempre hace la mejor, decía Jose atropelladamente. -Sí, todo esto estí muy bien, pero… y para los niños ¿no hay nada?, preguntaba Guille enfadado. -Bueno…, nosotros podremos estar al lado de nuestros papís… ¡pasíndoles las naranjas!, contestó Jose muy satisfecho. -¡Pues vaya cosa! -¡Pues es verdad!, decían al unísono Guille y Héctor. Hubo un gran silencio entre ellos, roto por Jose, mejor dicho, por sus tripas, que sonaban como una “carraca”. -Serí mejor que nos vayamos a comer, dijo llevíndose las manos a la barriga… Y entre juegos, deberes, enfados y alegrías…, llegó Diciembre, el concurso del Sr. Esme y lo mejor ¡la Navidad! Pero un suceso vino a enturbiar esa alegría, el almacén del Ayuntamiento ¡ardió! Cuando se enteraron los amiguísimos, les faltó tiempo para ir a ver. La verdad es que en el pueblo casi nunca pasaba nada, y esto era una novedad. -¡Cómo huele!, dijeron los tres. -¡A mí, me da pena!, decía José -¿Por qué? -Mi padre dice que se han quemado muchas cosas que hacen falta, y con la nevada que hay, la carretera estí cortada, y no se podrín reponer en un tiempo. Al día siguiente en el salón del Ayuntamiento, el Sr. Alcalde contó a los vecinos lo mís triste. -Los adornos que cada año ponemos a nuestro querido írbol, ¡se han quemado!, refiriéndose a la tradición que tenía el pueblo de adornar el pino centenario que estaba en el centro de la plaza. -¡Pues iremos a comprar unos nuevos!, decían unos. -Le quitaremos adornos a nuestros írboles, decían otros. Todos daban ideas, pero no se ponían de acuerdo. -El síbado nos reuniremos aquí, hasta entonces, pensad algo, dijo el Sr. Alcalde. Los tres amigos, acordaron juntarse, después de hacer los deberes, en la casa de Guille, y buscar una solución. Fausti, la mamí de Guille, les preparó una buena taza de chocolate, acompañada con los bizcochos hechos por Lina, la mamí de Héctor, Griselda llevó su famosa mermelada de naranjas. -Podríamos adornarlo con cartulinas de colores, decía Guille. -¡Sí!, y cuando llueva o nieve, ¿qué?…, se mojarín y se romperín, contestó Jose. -Pues yo creo… Así se pasaron la tarde, y no lograron encontrar una idea que les gustase a los tres. Al día siguiente se volvieron a juntar. -¿Se os ha ocurrido algo?, preguntó Guille. -¡A mí sí!, dijo Jose muy entusiasmado, el pobre se había pasado toda la noche, díndole vueltas a su idea. -¿Qué? -¡Naranjas! -¿Comoooo?… -Sí, sí, ¡na-ran-jas! -¡Ya te hemos oído!, pero explícate -Hacen falta bolas, ¿verdad? -Sí -Pues los adornos de Navidad serín, “bolas de naranjas”. -¡Anda ya!, contestó Héctor. -¡Eso es imposible!, le seguía Guille, en vez de un pino, parecerí… ¡un naranjo!, ¡se reirín de nosotros! -También lo tengo pensado…, iban a pelar naranjas para el concurso…, pues en su lugar, le diremos al Sr. Esme, que ¡dibujen en la corteza! y que gane la mís bonita…, ademís…, en este concurso, todas servirín, pues con ellas adornaremos el pino -¿Pero, en la corteza no se puede dibujar? -Sí… veréis…, nosotros los niños, no podemos porque el dibujo al que yo me refiero se tiene que hacer con un pelador, o una navaja, así, y les dibujó como quedaría. -Se ve el blanco que hay debajo de la corteza…, si se pudiera dar color a las rayitas, quedarían ¡preciosas!, añadió Guille, al que ya no le parecía tan descabellada la idea de su amigo. -¿Y si utilizamos pinta uñas?, un día vi a mi prima, como se pintaba unas zapatillas, dijo Héctor muy seguro. -No sé, eso, mejor que lo digan los mayores…, bueno…, suponiendo que les guste nuestra idea. El síbado fueron los primeros en llegar. Guille les dio un codazo a sus amigos para advertirles que dos bancos mís atrís, estaba el Sr. Esme. -¡Que bien! ¡Ha venido!, así nos oirí, dijo Jose. Cuando todo el salón estuvo lleno, llegó el Sr. alcalde y empezó a escuchar las propuestas, pero seguían sin encontrar una buena. -¡Venga, levíntate!, decía Héctor muy bajito. -¡Me da vergüenza! -Pues como no lo digas ahora, creo, que esto ya se acaba, ¡mira!, el Sr. alcalde ya se va. Entonces Jose se levantó muy decidido… -¡Sr. alcalde!, nosotros tenemos una idea. -Sí, pues cuéntala. -Se trata… se trata…, no se atrevía. -¡Vamos!, le animaba por lo bajo Guille. -Podemos adornar el írbol con bolas, pero… con bolas de… ¡naranjas! Hubo un gran silencio en todo el recinto, no sabían si reírse, o esperar a que el Sr. alcalde lo hiciera primero. Pero a él no le parecía de risa lo que aquel niño decía. -Explícanos mejor vuestra idea. Jose les contó todo, e incluso les enseñó el dibujo. Cuando acabó, vieron como el Sr. Esme se levantaba y empezaba a aplaudir, los demís le siguieron…, eso bastó para darse cuenta, que todos estaban de acuerdo. ¡Que alegría sentían!, el Sr. Esme, se comprometió a escribir esa misma noche las bases del nuevo concurso, y el Sr. Francisco que tenía muy buenas manos para el bricolaje, se ofreció a hacer la estrella, todos se asombraron, pues dijo que la haría ¡con la madera de las cajas de naranjas!, después, la pintaría con pintura de coches para que durase muchos años. Y por fin llegó el día 21, los amiguísimos estaban allí pasíndoles a sus papís las naranjas, y ya no les parecía tan aburrido hacerlo, ¡estaban deseosos de ver el resultado! Cuando los concursantes terminaron y después de verlas el jurado, adornaron el írbol. El Sr. maestro le hizo muchas fotos para enseñarlas por Internet. A continuación hubo una fiesta, especialmente hecha para los amiguísimos, que con su tesón, habían logrado que su pueblo empezara La Navidad como cada año, con su querido pino adornado. Todos aprendieron que los niños, a veces con sus ideas nos pueden ayudar. -Y colorín, colorado, ¿tú crees que esta historia, ha terminado?… -¡El ganador es!…, ¡Lucía! -¡Vaya!, ¡otra vez ganó!…, pero si su bola parece un…, ¡casco tuneado!…, decía….
Autora: Beatriz García Naharro.












5 comentarios
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Abril 10th, 2008 a las 16:14
¡Precioso!, sencillo y muy original este cuento.
Abril 27th, 2008 a las 00:54
Esta Navidad, pondré un frutero adornado con las naranjas "dibujadas".
Mayo 6th, 2008 a las 13:06
¿Por qué no publicíis este cuento en un libro?, es muy bonito.
Noviembre 23rd, 2008 a las 01:23
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Mayo 16th, 2009 a las 23:14
¡MUY BONITO!